Empañada la Navidad


Por Jaime Torres Torres
martes, 8 de noviembre de 2005


Poco después de que el cartero intentara entregar en su hogar en Caguas los ejemplares de nuevo disco A punto de parranda, Vicente Caratini finalmente pudo hacer una escalera para subir al cielo.

En el pasado lo intentó, pero no pudo. Mas desde ayer, cuando a las 3:00 p.m. murió en el Centro Médico por causas relacionadas a la leucemia que lo aquejó durante el último año, el director de Los Cantores camina las nubes arrullado por el coquí y el cardenalito.

En octubre de 2003, Caratini fue operado de corazón abierto, pero no se amilanó y lanzó el cd Magno parrandón.


La última voluntad de Caratini fue que 'A punto de parranda' se distribuya lo más pronto posible como su última ofrenda de amor y respeto al pueblo.

Al año siguiente se le diagnosticó cáncer en la médula ósea, pero tampoco se acobardó, lanzando el disco Que siga la parranda, en cuya carátula no apareció por los efectos de la quimioterapia.

Y ahora, en 2005, en que se sentía relativamente bien, produjo A punto de parranda.

El viernes, sin embargo, se quejó de dolores en la pantorrilla izquierda, la espalda baja y en las extremidades, por lo que su esposa Nitza Salas lo condujo al hospital de Cidra y posteriormente al Menonita de Cayey.

“Allí nos dijeron que debía ir al Centro Médico, donde mejoró un poco, pero hoy (ayer) perdió el conocimiento y falleció”, lamentó su hija Adriana Vicente.

Su cuadro clínico, continuó diciendo, era muy complicado porque, aparte de la leucemia, padecía de diabetes.

“Nosotros, más o menos, nos los sospechábamos porque el doctor nos dijo que nos debíamos preparar para lo peor”, indicó la jovencita de 16 años.

Ernesto Vicente Caratini, quien cumpliría 65 años el viernes, grabó ininterrumpidamente durante 34 navidades.

Sus inicios en la música se remontan a mediados de los 60 con la Tuna Taurina de Cayey. En 1971 organizó la tuna Los Cantores de San Juan, popularizando Si no me dan de beber lloro.

Su contribución consiste en la transformación de la tuna estudiantil tradicional en una agrupación coral encabezada por un cantante solista, sin túnicas ni capas y cuyo repertorio exploraba el folclor insular, sin prescindir del villancico y de otras formas de la herencia española.

“A él lo que le interesaba era grabar buena música, sin doble sentido para que la pudieran escuchar los adultos y los niños. Siempre pensó en música para toda la familia y con coritos pegajosos”, dijo su esposa Nitza.

Su última voluntad fue que el disco A punto de parranda se distribuya a la mayor brevedad posible como su última ofrenda de amor y respeto al pueblo. Canciones como El caucus lo decidió, Angel de luz, Vámonos, vámonos, A Belén, Ya la estaba esperando y Haz del limón una limonada, entre otras, sustentan su compromiso con el buen gusto, su sentido del humor y su optimismo en medio de la enfermedad.

“Vicente tuvo bastante participación en el disco, a pesar de su convalecencia. Hablé con él el jueves y ya se quejaba de los dolores”, señaló su director musical y cuatrista, Rolando Hernández, quien dijo que semanas atrás Caratini filmó un especial de Navidad junto a Felito Félix y otros artistas.

A Vicente Caratini le sobreviven su esposa Nitza y sus hijos Wanda, Milena, Carla, Adriana, Nitza y Ernesto José, de 8 años.



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