Empañada la Navidad
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Poco después de que el cartero intentara entregar en su hogar en Caguas los ejemplares de nuevo disco A punto de parranda, Vicente Caratini finalmente pudo hacer una escalera para subir al cielo. En el pasado lo intentó, pero no pudo. Mas desde ayer, cuando a las 3:00 p.m. murió en el Centro Médico por causas relacionadas a la leucemia que lo aquejó durante el último año, el director de Los Cantores camina las nubes arrullado por el coquí y el cardenalito. En octubre de 2003, Caratini fue operado de corazón abierto, pero no se amilanó y lanzó el cd Magno parrandón. |
![]() La última voluntad de Caratini fue que 'A punto de parranda' se distribuya lo más pronto posible como su última ofrenda de amor y respeto al pueblo. |
Al año siguiente se le diagnosticó cáncer en la
médula ósea, pero tampoco se acobardó, lanzando el
disco Que siga la parranda, en cuya carátula no apareció
por los efectos de la quimioterapia. El viernes, sin embargo, se quejó de dolores en la
pantorrilla izquierda, la espalda baja y en las extremidades, por lo
que su esposa Nitza Salas lo condujo al hospital de Cidra y
posteriormente al Menonita de Cayey. “Allí nos dijeron que debía ir al Centro
Médico, donde mejoró un poco, pero hoy (ayer)
perdió el conocimiento y falleció”, lamentó su
hija Adriana Vicente. Su cuadro clínico, continuó diciendo, era muy
complicado porque, aparte de la leucemia, padecía de diabetes. “Nosotros, más o menos, nos los sospechábamos porque
el doctor nos dijo que nos debíamos preparar para lo peor”,
indicó la jovencita de 16 años. Ernesto Vicente Caratini, quien cumpliría 65 años el
viernes, grabó ininterrumpidamente durante 34 navidades. Sus inicios en la música se remontan a mediados de los 60 con
la Tuna Taurina de Cayey. En 1971 organizó la tuna Los Cantores
de San Juan, popularizando Si no me dan de beber lloro. Su contribución consiste en la transformación de la
tuna estudiantil tradicional en una agrupación coral encabezada
por un cantante solista, sin túnicas ni capas y cuyo repertorio
exploraba el folclor insular, sin prescindir del villancico y de otras
formas de la herencia española. “A él lo que le interesaba era grabar buena música,
sin doble sentido para que la pudieran escuchar los adultos y los
niños. Siempre pensó en música para toda la
familia y con coritos pegajosos”, dijo su esposa Nitza. Su última voluntad fue que el disco A punto de parranda se
distribuya a la mayor brevedad posible como su última ofrenda de
amor y respeto al pueblo. Canciones como El caucus lo decidió,
Angel de luz, Vámonos, vámonos, A Belén, Ya la
estaba esperando y Haz del limón una limonada, entre otras,
sustentan su compromiso con el buen gusto, su sentido del humor y su
optimismo en medio de la enfermedad. “Vicente tuvo bastante participación en el disco, a pesar de
su convalecencia. Hablé con él el jueves y ya se quejaba
de los dolores”, señaló su director musical y cuatrista,
Rolando Hernández, quien dijo que semanas atrás Caratini
filmó un especial de Navidad junto a Felito Félix y otros
artistas. A Vicente Caratini le sobreviven su esposa Nitza y sus hijos Wanda,
Milena, Carla, Adriana, Nitza y Ernesto José, de 8 años.
Y ahora, en 2005, en que se sentía relativamente bien, produjo A
punto de parranda.