La Danza
Puertorriqueña
de un "bastonero". El bastonero era una
especie de director que decidía cuantas parejas bailarían
cada pieza y la posición o turno de cada persona,
asignándole inclusive la pareja. El primer bailarín,
quien usualmente era uno de los más expertos, realizaba cuantos
movimientos y piruetas complicadas deseaba mientras los demás
observaban para después imitarlo en su turno. Se dice que muchos
de estos bailes terminaban con grandes discusiones, algunas de las
cuales se dilucidaban en el campo del honor, debido a que alguno de los
danzantes cambiaba alguno de los movimientos de sus predecesores, los
cuales era imperativo seguir fielmente. El bastonero fue perdiendo
popularidad y fue suprimido ya en el 1839, dando comienzo así a
algunos cambios.
En la década de 1840 llegaron a Puerto Rico unos
jóvenes inmigrantes de Cuba , que trajeron con ellos una nueva
modalidad de danza para parejas solas, cuya música tenía
más cadencia rítmica de baile. La contradanza
española estaba ya perdiendo popularidad, debido a su rigidez, y
la nueva música comenzó a tener arraigo en el
país. Esa nueva música era llamada "habanera"
(gentilicio de La Habana, capital de Cuba). La habanera se bailaba en
parejas de un modo libre y fue del agrado de la juventud de esa
época. A principio se utilizaba música cubana, pero
más tarde los compositores puertorriqueños fueron
componiendo su propia música en ese estilo pero
añadiendole sus propias variantes y el sabor criollo.
La primera parte, llamada "el paseo", consistía tipicamente de 8 compases en tiempo de 2/4, no tenía base rítmica pero servía de introducción tonal. La segunda parte, llamada merengue fue extendida de sus 16 compases originales a 34 ya para 1854 y hasta 130 más adelante, según escritos de Don Braulio Dueño Colón. Otras partes comenzaron a aparecer y la nueva danza fue tomando forma.
Aparentemente, esa danza original era algo vulgar y fue rechazada por la alta sociedad de ese tiempo (pero no así por la juventud), tal vez por el hecho de que al bailarla las parejas estaban muy unidas y podían hablarse calladamente al oido. Esto ocasionó que el gobernador Don Juan de la Pezuela emitiera su célebre bando de 1849 prohibiéndola, el cual no tuvo éxito en sus propósitos.
Algunos títulos de aquellas primeras danzas nos dan idea de su estilo: La sapa - El rabo del puerco - Ay, yo quiero comer mondongo - El tereque - La charrasca - y otras por el mismo estilo. Se menciona a un compositor de música bailable de apellido Santaella como autor de la mayoría de éstas, de las cuales sólo se conservan dos o tres.
Para 1870 ya está definida una nueva modalidad de la
danza puertorriqueña que tiene por centro la ciudad de Ponce y
por originador al pianista y compositor sanjuanero Manuel G.
Tavárez quien acababa de retornar de sus estudios de piano en el
Conservatorio Imperial de Paris. Tavárez estiliza y depura la
danza puertorriqueña vistiéndola de galas
románticas e impartiéndole un ademán gracil,
propio de la obra de salón francesa. La danza ponceña,
quejumbrosa y apasionada, de gran audacia y vuelo sentimental, tiene
mucho de la cantilena, y revela la influencia de la ópera
italiana. Su espontaneidad contrasta con el corte académico de
la danza sanjuanera, que conserva muchos rasgos de la contradanza
española, aunque logra una notable evolución en manos de
Julián Andino (1845-1926), Casimiro Duchesne (1852-1906), Genaro
Aranzamendi (1831-1889), los hermanos Mauricio (n.1842) y
Hermógenes Alvarez (+1914), y los hermanos Heraclio (1837-1891)
y Federico (1857-1927) Ramos.
Más adelante Juan Morel Campos, discípulo de
Tavárez y el más prolífico compositor de danzas,
desarrolló el género al nivel que hoy conocemos. Esta
nueva danza evolucionada estaba mayormente inspirada en el amor y la
mujer, lo cual se refleja en sus títulos: Margarita, Idilio, De
tu lado al paraíso, Mis Penas, Laura y Georgina (una de las
más exquisitas y populares, dedicada por Morel a las bellas
hermanas Capó de Ponce), La Sensitiva, así como tantas
otras. Para informacion adicional en el Hogar de la Danza
Puertorriqueña.